TU
AUSENCIA (4-6-85)
El silencio anida en la almohada.
Tú no estás.
Tu ausencia
me trae los suspiros hondos
de los que se inmolan al amor
en cada ventana,
en cada esquina,
en cada estrella.
Vienen como palomas heridas
a los pies de mi cama,
a las yemas de mis dedos,
y llenan de temblor ausente las paredes.
Tejen en mis labios un
lento himen de insomnio.
No.
Tú no estás.
Ni siquiera recuerdo haberte tenido.
Más que nunca, ahora más que nunca,
siento los suspiros
de los amantes de todo el mundo
posados en el alféizar
de esta ventana cerrada.
Siento el perfume de sus poros,
el lento deslizar de los cuerpos,
los juegos titilantes de las miradas,
el dulce letargo de los placeres saciados.
Y en el enigma
de
estrella inversa,
de
envés celeste,
aprendo el significado
de las caricias
pese a tu ausencia.
La noche las inventa para mí.
He de comerme
los pétalos negados de las flores.
He de recorrer
el reverso de la sonrisa.
Al final, Selene me espera
con su dulce trasero.
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