DESPERTAR (Abril de 2015)
Es temprano.
Espío la calle desde la ventana.
También
te veo en la cama ,
envuelta en la manta,
cubierta por la colcha,
mientras apenas entra la mañana por las cortinas.
Todavía no sabemos ni tú ni yo
que en unos días te diré "te quiero" por el
teléfono
y también "te añoro"
y "me gustó tanto tanto
que reposaras abrazada en mi pecho",
y yo no sabré muy bien
cómo leer tu respuesta de silencio
y tu bye al teléfono.
Me dirás: "mira, andas aprensivo"
y yo te diré que no,
y tú me dirás que sí,
que quieres decir que ando ansioso.
Yo te diré que "acaso sea de amor",
"ansiedad de amor",
y me enojaré un tanto
y te escribiré una carta
para decirte que tal vez es que
no tenías más que ganas de hombre, pero no de amor,
y tú me dirás que esa parte de la carta
"es muy muy ofensiva"
y que te arrepientes de cosas
y que quizá nos precipitamos.
Yo te diré que no, que no,
que no es eso,
y que "tal vez es que no quiero perderte",
que no me gustaría perderte.
Entonces recordaré
tu vestido de colores geométricos,
tus botas tiernas sobre el piso,
tu mano y tu piel, tan suaves,
tu rostro velado de placer, joven de gozo,
y palabras incendiadas en los labios encendidos.
Yo todavía no sé que todo esto nos va a pasar.
Ahora, junto a la ventana, temprano,
sólo siento que te
quiero,
con la luz velada del inicio del día que entra
a través de la cortina de esta habitación de hotel,
mirándote mientras
duermes aún en esa cama enorme, infinita,
en la que envuelta en manta y colcha
se te ve tan chiquita
que parece que no hay nadie,
que miro una cama
vacía
por la que vas despacio diluyéndote
como en un sueño,
como en un deseo soñado
que se esfuma al
despertar.