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Hombre, no te arrepientas nunca
de tu alma vendida al diablo.
Mira frente a frente
a la mañana y a la nube
que despertaron la memoria
de aquel pacto antiguo.
Hace ya tiempo
que lo llevabas marcado,
hijo del hombre y de la tierra,
agazapado en ti
como víbora durmiente
que tomara tu pecho por guarida.
Cuando ella te muerda adentro
y el veneno alargue tus noches
y haga de tus recuerdos
sonámbulos caminos,
no quieras no haber pactado.
La tierra es del diablo
y tú eres de la tierra.
No le pidas a él
las piedades que no tiene.
Mantenle firme la mirada.
Déjale claro, hombre,
que tuyo es tu presente
y para eso no hay renuncia.
Que se lleve lo demás
si lo quiere como suyo,
mas la gloria del instante
es para siempre tuya.