Friday, June 22, 2012

EL CAMALEÓN (30/VII/88)



De bruces,
el número exacto.
La palabra telegráfica
acentuada.
Érase el cepillo de dientes.
Érase todo en su sitio.
La compota inmóvil érase.

Pero, poco a poco,
-el sarro del tiempo,
el poco de allí,
de acá el poco,
tu cintura cimbreante,
la cama-palmera-
manchóse de sombras la muerte,
el marfil se llamó por su nombre,
le cayeron gotas rojas al trasluz.

Entre las sábanas de la siesta,
borbollante,
el camaleón sediento,
el famélico cama-león,
-león y cama: palmera,
sediento mar-
abrió sus sardónicas fauces
y sacó de su lengua
un brillante tigre enamorado.