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PIEDRA (diciembre de 2014)
PIEDRA (diciembre de 2014)
Estas frondas y estas
rocas que el sol acaricia al caer la tarde,
estos remansos de
sombra o paradas mecidas por el canto profundo de una fuente,
estos tapices de yerba,
estos colores que podrían refrescar la inocencia
y encender un rubor
gozoso,
para la sangre fueron
un día
para el trueque de las
balas por las balas, para el grito sin final,
para el aullido largo
con filo, para un rostro destrozado,
para un quebrar de
huesos vivos con mirada,
para el ojo degollado
de un hombre, o-qué importa- de mil, de un millón de hombres, de niños, de
niñas, de mujeres, de mujeres-niñas, de hombres-niños, violados, desgarrados,
despiertos y vueltos a dormir para despertar otra vez y volver a ser violados y
rotos hasta el último fragmento, y aún, aún, resucitados a más muerte violenta.
Aquí fui preso.
Aquí estuve solo con el
dolor y luego con la muerte
que me pedía perdón por
no matarme todavía.
Aquí estuvimos solos
más de un millón, acorralados por un machete,
por un engranaje, por
una escalera mecánica de fusiles de asalto y guantes estranguladores.
Y después se hizo este
silencio que no es silencio.
No cayó ningún telón.
Se acabaron las balas,
se acabó la carne,
se oxidó el cuchillo
y la herrumbre mezcló
el ojo roto con la aurora ciega.
¿Cómo poder ya caminar
por esta alfombra de yerba fresquísima y tierna?
¿Cómo poder jugar?,
¿cómo ser niño de nuevo-si ello fuera posible-
entre estas frondas y
estas rocas que el sol acaricia hoy al caer la tarde
y que podrían ser tan
bellas que nos hiciera llorar su hermosura?
¿Hasta dónde rascar o
cavar para escapar de la sangre que crepita bajo esta yerba suave?
¿Hasta dónde huir por
el cielo - con qué escala - para perder el rastro de los gritos
y no escuchar los
golpes secos de las balas en la ropa tibia?
Yo quiero volver a
caminar por estas sendas y estas sombras remansadas,
por estas fuentes
nuevas,
pero mis huellas
encallan en sangre a cada paso
y un grito retumba
desde el fondo sordo de las flores.
Abajo, más abajo está
la piedra, la piedra callada.
Tengo que aprender a rezar a la piedra.
No más rezar a dioses
con forma humana que son hombres disfrazados.
Piedra, tú, piedra de nuestra locura, que fuiste antes
piedra elemental,
antes de las palabras,
y antes de los trazos o de las miradas.
Piedra que te adensas
más abajo de la sangre y que te vuelves muda y sencilla.
Sálvame, sálvanos, tú,
oh piedra, bendita madre de todos los paisajes.
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